Por eso me preocupa tanto toda esa gente que busca lo sentimental y lo dulce como parte central de su fe. Los que sólo comulgan cuando «sienten deseos» de comulgar. Los que abren un ejemplar de la Biblia y esperan que, poniendo un dedo en una frase al azar, en ella Dios responderá a sus necesidades. Los que hacen apuestas consigo mismos diciéndose: si mañana hace sol es que Dios está contento conmigo; si llueve es que está insatisfecho. Los que creen que lo importante de una misa es que el cura predique bien y la música sea agradable (aunque, naturalmente ambas cosas resulten deseables, más no decisivas para ir o no ir a una misa). Los que olvidan que Dios es amor y el amor es siempre plenitud, pero no siempre consuelo. - Martín Descalzo.
martes, 12 de febrero de 2013
Sentimentalismo.
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